Condoleezza please, never condolences... Planet needs a Woman.




Esta semana ha sido buena en cuanto a películas, y todas comparten un hilo conductor: la brutalidad del poder estatal.

Una de ellas es A Dry White Season (1989), con Donald Sutherland. Ambientada en Sudáfrica durante el apartheid, muestra a un profesor afrikáner cómodo en su privilegio que se ve obligado a confrontar la realidad cuando el hijo de su jardinero es asesinado en el contexto de la matanza de Soweto. Policía inhumana, militares, fuerzas del Estado, torturas y “suicidios” en comisaría. La otra es Kóblic (también conocida como Capitán Kóblic, 2016), con Ricardo Darín —el gran actor argentino de siempre— interpretando a un piloto de la Armada que participó en los “vuelos de la muerte”: aquellos aviones desde los que se lanzaba al océano a estudiantes y opositores (muchos de ellos comunistas o simplemente disidentes). Asesinatos sistemáticos. De nuevo, fuerzas del Estado: militares, policías, funcionarios arrogantes y letales. Igual que en Chile.

También volví a ver Slumdog Millionaire. Todas de nuevo. Ya las había visto, pero con otro cerebro, otros ojos. Nunca es el mismo río, como decía el poeta Arturo Uslar Pietri. En esta se ve con claridad la brutalidad de la sociedad y la corrupción de las mafias: indias, latinas, italianas, judías, irlandesas… Da igual que sea en Estados Unidos, “la gran democracia”, o en India, “la mayor democracia del mundo”. Mafias que a veces confundimos con héroes antisistema, que trafican y contrabandean como si fueran modelos ANCAP. Error grave.

Es un error de cálculo que he oído a varios colegas libertarios: llamar libertaria o anarcocapitalista a la trilogía de El Padrino (antes vi The Offer, la miniserie sobre las aventuras de Rudy y Coppola para crear aquella obra maestra). No lo es. En todo momento son individuos violentos que no respetan la vida ajena ni la libertad natural del prójimo. Extorsionan, chantajean y matan, casi siempre con la venia del poder: jueces, policías, periodistas… Esto último suena peligrosamente a Estado totalitario.

Las mafias no son empresarios capitalistas. Son, en todo caso, mercantilistas. Como les denuncié en su momento a Trump, Rubio, el Pentágono, Delcy Rodríguez y a un tal Betancourt: asignando por 100 años el petróleo venezolano?, wtf? “empresarios” a dedo, que deciden sin procesos económicos reales, sin factores ni actores del mercado, sin el laissez-faire de Bastiat, sin la mano invisible ni la división del trabajo de Smith, sin el orden espontáneo de Hayek y sin la acción humana de Mises.

Y con Mises me centro. Recordemos la famosa anécdota del primer encuentro de la Sociedad Mont Pèlerin en Suiza (yo nací en Montpellier, Francia; no confundir). Mises, furioso con las disertaciones de colegas como Friedman, Hayek y demás monstruos liberales virtuosos, salió dando portazos y los llamó “un puñado de socialistas”. Tenía —y tendría hoy— razón. Todo lo relacionado con el Estado es socialismo en distintos grados. La maldición marxista, stalinista, maoísta, hoy a tope con el control de la comunicación global, la educación global y el discurso global. Troyanos que usan a Gramsci, perfeccionados con la eficiencia de Chomsky. Insoportables ambos.

Como dice Bastos Boubeta: el PP y todos los partidos en España son socialistas sin saberlo… o sabiéndolo. Todos buscan rentas para los suyos, no para la gente. Solo ofrecen mejorar la administración del Estado: administrar el socialismo. Derecha e izquierda son, en grados ligeramente diferentes, socialismo.

¿Alternativas políticas? Abstención, nunca. Siempre votar por quien ofrezca el menor grado de estatismo socialista. Ahora todas mis oraciones están puestas en convencer, a través del Espíritu Santo, a Condoleezza Rice para que sea la próxima presidenta de Estados Unidos y lidere un nuevo mundo con más poder real para la democracia y las libertades humanas. Rice no es solo una figura de la administración Bush: es directora del Hoover Institution desde 2020, el think tank de Stanford fundado por Herbert Hoover y dedicado a la libertad individual, los mercados libres, el gobierno limitado y la empresa privada. Asidua (y ahora permanente) de ese espacio liberal-clásico, ha defendido abiertamente el capitalismo de libre mercado frente al socialismo, la igualdad de oportunidades frente a la de resultados, y ha impulsado iniciativas contra el expansionismo estatal. Un perfil mucho más cercano al liberalismo libertario de lo que muchos creen.

El apartheid, la dictadura argentina o chilena, el macroestado indio, el gigaestado de Washington y el megaestado que quieren construir de la UE… todo eso es socialismo en gotas. El futuro es raro y da miedo. ¿Es lo que quieren los jinetes del Apocalipsis? Miedo: el que mata la mente, como repite Herbert una y otra vez en su novela desértica.

La opción real: convertirse, poco a poco, boca a boca y con el ejemplo, en libres empresarios. Mudarse a países o regiones con menos Estado, menos poder a los políticos y más a la persona humana y a las familias. Ser un poco ateos del Estado. Saber que está ahí, que nos extorsiona con impuestos in crescendo ad infinitum. Merde!

¿Y la eficiencia, efectividad y eficacia de la IA, el big data y la robótica para incrementar logarítmica y exponencialmente la productividad humana? Es decir: ¿menos funcionarios y más productividad? No. Cada vez más excusas para más clientela, pagada con más impuestos. Una espiral mortal para la especie humana tal como la conocemos. Pronto estaremos viviendo dos películas clásicas basadas en dos libros: Rebelión en la granja y 1984.

Dios nos proteja. Arcángel San Miguel, espada poderosa, defiéndenos.

—Mikel de Elguezabal Méndez, Navarra.


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This week has been good for movies, and they all share a common thread: the brutality of state power.


One of them is A Dry White Season (1989), with Donald Sutherland. Set in South Africa during apartheid, it shows a comfortable Afrikaner teacher living in his privilege who is forced to confront reality when his gardener’s son is murdered in the context of the Soweto massacre. Inhuman police, military, state forces, torture and “suicides” in police stations. The other is Kóblic (also known as Captain Kóblic, 2016), with Ricardo Darín —the great Argentine actor as always— playing a Navy pilot who took part in the “death flights”: those planes from which students and opponents (many of them communists or simply dissidents) were thrown into the ocean. Systematic murders. Once again, state forces: military, police, arrogant and lethal officials. Just like in Chile.


I also rewatched Slumdog Millionaire. All of them again. I had already seen them, but with a different brain, different eyes. It is never the same river, as the poet Arturo Uslar Pietri used to say. In this one the brutality of society and the corruption of the mafias are clearly visible: Indian, Latin, Italian, Jewish, Irish… It makes no difference whether it is in the United States, “the great democracy,” or in India, “the world’s largest democracy.” Mafias that we sometimes confuse with anti-system heroes, who traffic and smuggle as if they were ANCAP models. Serious mistake.


It is a miscalculation I have heard from several libertarian colleagues: calling the Godfather trilogy libertarian or anarcho-capitalist (I had previously watched The Offer, the miniseries about the adventures of Rudy and Coppola in creating that masterpiece). It is not. At every moment they are violent individuals who do not respect other people’s lives or the natural freedom of their fellow human beings. They extort, blackmail and kill, almost always with the blessing of power: judges, police, journalists… This last part sounds dangerously like a totalitarian state.


Mafias are not capitalist entrepreneurs. They are, if anything, mercantilists. As I denounced at the time to Trump, Rubio, the Pentagon, Delcy Rodríguez and a certain Betancourt: assigning Venezuelan oil for 100 years?, wtf? “Entrepreneurs” by decree, who decide without real economic processes, without market factors or actors, without Bastiat’s laissez-faire, without Smith’s invisible hand or division of labour, without Hayek’s spontaneous order and without Mises’s human action.


And with Mises I focus. Let us recall the famous anecdote of the first meeting of the Mont Pèlerin Society in Switzerland (I was born in Montpellier, France; do not confuse them). Mises, furious with the lectures of colleagues such as Friedman, Hayek and other virtuous liberal giants, stormed out slamming doors and called them “a bunch of socialists.” He was —and would still be today— right. Everything related to the State is socialism to different degrees. The Marxist, Stalinist, Maoist curse, today at full throttle with the control of global communication, global education and the global discourse. Trojans who use Gramsci, perfected with Chomsky’s efficiency. Both unbearable.


As Bastos Boubeta says: the PP and all the parties in Spain are socialists without knowing it… or knowing it. They all seek rents for their own, not for the people. They only offer to improve the administration of the State: to administer socialism. Right and left are, in slightly different degrees, socialism.


Political alternatives? Abstention, never. Always vote for whoever offers the lowest degree of socialist statism. Right now all my prayers are focused on convincing, through the Holy Spirit, Condoleezza Rice to be the next president of the United States and lead a new world with more real power for democracy and human freedoms. Rice is not only a figure from the Bush administration: she has been director of the Hoover Institution since 2020, the Stanford think tank founded by Herbert Hoover and dedicated to individual liberty, free markets, limited government and private enterprise. A regular (and now permanent) presence in that classical-liberal space, she has openly defended free-market capitalism against socialism, equality of opportunity against equality of outcomes, and has promoted initiatives against state expansionism. A profile much closer to libertarian liberalism than many believe.


Apartheid, the Argentine or Chilean dictatorship, the Indian macro-state, the Washington giga-state and the mega-state they want to build out of the EU… all of that is socialism in drops. The future is strange and frightening. Is that what the horsemen of the Apocalypse want? Fear: the mind-killer, as Herbert repeats again and again in his desert novel.


The real option: to become, little by little, by word of mouth and by example, free entrepreneurs. To move to countries or regions with less State, less power for politicians and more for the human person and for families. To be a bit atheists of the State. To know that it is there, that it extorts us with taxes that grow in crescendo ad infinitum. Merde!


And the efficiency, effectiveness and efficacy of AI, big data and robotics to increase human productivity logarithmically and exponentially? That is: fewer civil servants and more productivity? No. Ever more excuses for more clientele, paid for with more taxes. A death spiral for the human species as we know it. Soon we will be living two classic films based on two books: Animal Farm and 1984.


God protect us. Archangel Saint Michael, powerful sword, defend us.


—Mikel de Elguezabal Méndez, Navarra.


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Cette semaine a été bonne en films, et tous coïncident sur un fil conducteur : la brutalité du pouvoir étatique.


L’un d’eux est A Dry White Season (1989), avec Donald Sutherland. Situé en Afrique du Sud pendant l’apartheid, il montre un professeur afrikaner confortable dans son privilège qui se voit obligé de confronter la réalité lorsque le fils de son jardinier est assassiné dans le contexte du massacre de Soweto. Police inhumaine, militaires, forces de l’État, tortures et « suicides » au commissariat. L’autre est Kóblic (aussi connue sous le nom de Capitaine Kóblic, 2016), avec Ricardo Darín —le grand acteur argentin de toujours— interprétant un pilote de la Marine qui a participé aux « vols de la mort » : ces avions depuis lesquels on lançait dans l’océan des étudiants et des opposants (beaucoup d’entre eux communistes ou simplement dissidents). Assassinats systématiques. De nouveau, les forces de l’État : militaires, policiers, fonctionnaires arrogants et létaux. Comme au Chili.


J’ai aussi revu Slumdog Millionaire. Tous à nouveau. Je les avais déjà vus, mais avec un autre cerveau, d’autres yeux. Ce n’est jamais le même fleuve, comme le disait le poète Arturo Uslar Pietri. Dans celui-ci on voit clairement la brutalité de la société et la corruption des mafias : indiennes, latines, italiennes, juives, irlandaises… Peu importe que ce soit aux États-Unis, « la grande démocratie », ou en Inde, « la plus grande démocratie du monde ». Des mafias que nous confondons parfois avec des héros antisystème, qui trafiquent et contrebande comme s’ils étaient des modèles ANCAP. Grave erreur.


C’est une erreur de calcul que j’ai entendue chez plusieurs collègues libertariens : appeler libertarienne ou anarcho-capitaliste la trilogie du Parrain (j’avais auparavant vu The Offer, la mini-série sur les aventures de Rudy et Coppola pour créer ce chef-d’œuvre). Elle ne l’est pas. À chaque instant ce sont des individus violents qui ne respectent ni la vie d’autrui ni la liberté naturelle du prochain. Ils extorquent, font chanter et tuent, presque toujours avec la bénédiction du pouvoir : juges, policiers, journalistes… Ce dernier point ressemble dangereusement à un État totalitaire.


Les mafias ne sont pas des entrepreneurs capitalistes. Elles sont, le cas échéant, mercantilistes. Comme je l’ai dénoncé en leur temps à Trump, Rubio, le Pentagone, Delcy Rodríguez et à un certain Betancourt : attribuer pour 100 ans le pétrole vénézuélien ?, wtf ? Des « entrepreneurs » à la tête du client, qui décident sans processus économiques réels, sans facteurs ni acteurs du marché, sans le laissez-faire de Bastiat, sans la main invisible ni la division du travail de Smith, sans l’ordre spontané de Hayek et sans l’action humaine de Mises.


Et avec Mises je me concentre. Rappelons la célèbre anecdote de la première rencontre de la Société du Mont Pèlerin en Suisse (je suis né à Montpellier, en France ; à ne pas confondre). Mises, furieux des dissertations de collègues comme Friedman, Hayek et d’autres monstres libéraux vertueux, est sorti en claquant les portes et les a traités de « poignée de socialistes ». Il avait —et aurait aujourd’hui— raison. Tout ce qui a trait à l’État est du socialisme à des degrés divers. La malédiction marxiste, stalinienne, maoïste, aujourd’hui à plein régime avec le contrôle de la communication mondiale, de l’éducation mondiale et du discours mondial. Des troyens qui utilisent Gramsci, perfectionnés avec l’efficacité de Chomsky. Insupportables tous les deux.


Comme le dit Bastos Boubeta : le PP et tous les partis en Espagne sont socialistes sans le savoir… ou en le sachant. Tous cherchent des rentes pour les leurs, pas pour les gens. Ils n’offrent que d’améliorer l’administration de l’État : administrer le socialisme. Droite et gauche sont, à des degrés légèrement différents, du socialisme.


Des alternatives politiques ? L’abstention, jamais. Toujours voter pour celui qui offre le moindre degré de statisme socialiste. En ce moment toutes mes prières sont tournées vers le fait de convaincre, par l’intermédiaire de l’Esprit Saint, Condoleezza Rice d’être la prochaine présidente des États-Unis et de diriger un nouveau monde avec plus de pouvoir réel pour la démocratie et les libertés humaines. Rice n’est pas seulement une figure de l’administration Bush : elle est directrice de la Hoover Institution depuis 2020, le think tank de Stanford fondé par Herbert Hoover et dédié à la liberté individuelle, aux marchés libres, au gouvernement limité et à l’entreprise privée. Habituée (et maintenant permanente) de cet espace libéral-classique, elle a ouvertement défendu le capitalisme de libre marché face au socialisme, l’égalité des chances face à celle des résultats, et a impulsé des initiatives contre l’expansionnisme étatique. Un profil bien plus proche du libéralisme libertarien que beaucoup ne croient.


L’apartheid, la dictature argentine ou chilienne, le macro-État indien, le giga-État de Washington et le méga-État qu’ils veulent construire de l’UE… tout cela est du socialisme goutte à goutte. L’avenir est étrange et fait peur. Est-ce ce que veulent les cavaliers de l’Apocalypse ? La peur : celle qui tue l’esprit, comme le répète Herbert encore et encore dans son roman désertique.


L’option réelle : devenir, peu à peu, de bouche à oreille et par l’exemple, de libres entrepreneurs. Déménager dans des pays ou des régions avec moins d’État, moins de pouvoir aux politiciens et plus à la personne humaine et aux familles. Être un peu athées de l’État. Savoir qu’il est là, qu’il nous extorque avec des impôts en crescendo ad infinitum. Merde !


Et l’efficacité, l’effectivité et l’efficience de l’IA, du big data et de la robotique pour accroître de façon logarithmique et exponentielle la productivité humaine ? C’est-à-dire : moins de fonctionnaires et plus de productivité ? Non. Toujours plus d’excuses pour plus de clientèle, payée avec plus d’impôts. Une spirale mortelle pour l’espèce humaine telle que nous la connaissons. Bientôt nous vivrons deux films classiques basés sur deux livres : La Ferme des animaux et 1984.


Que Dieu nous protège. Archange Saint Michel, épée puissante, défends-nous.


—Mikel de Elguezabal Méndez, Navarra.


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Aste hau ona izan da filmetan, eta guztiek bat datozte hari gidari batean: botere estatalaren basakeria.


Haietako bat da A Dry White Season (1989), Donald Sutherland-ekin. Hegoafrikan apartheid garaian kokatua, irakasle afrikaner eroso bat erakusten du, bere pribilegioan eroso, eta errealitateari aurre egin behar diona bere lorezainaren semea Sowetoko sarraskiaren testuinguruan hil dutenean. Polizia ankerra, militarra, Estatuko indarrak, torturak eta “suizidioak” komisarian. Bestea da Kóblic (Capitán Kóblic izenez ere ezaguna, 2016), Ricardo Darín-ekin —betiko aktore argentinar handia— Itsas Armadako piloto bat interpretatzen, “heriotzaren hegalaldietan” parte hartu zuena: ikasleak eta oposizioa (haietako asko komunistak edo soilik disidenteak) ozeanora jaurtitzen ziren hegazkin haiek. Erailketa sistematikoak. Berriro ere, Estatuko indarrak: militarra, polizia, funtzionario harroputz eta hilgarriak. Txilen bezala.


Slumdog Millionaire ere berriro ikusi nuen. Guztiak berriro. Jadanik ikusiak nituen, baina beste burmuin batekin, beste begiekin. Inoiz ez da ibai bera, Arturo Uslar Pietri olerkariak esaten zuen bezala. Honetan argi ikusten da gizartearen basakeria eta mafien ustelkeria: indiarak, latinoak, italiarrak, juduak, irlandarrak… Berdin da Estatu Batuetan, “demokrazia handia”, edo Indian, “munduko demokrazia handiena”. Mafiak, batzuetan heroi antisistema gisa nahasten ditugunak, trafikatzen eta kontrabandoan aritzen direnak ANCAP modeloak balira bezala. Akats larria.


Kalkulu-errore bat da hainbat lankide libertarioengandik entzun dudana: El Padrino trilogiari libertario edo anarkokapitalista deitzea (lehenago ikusi nuen The Offer, Rudy eta Coppolaren abenturei buruzko miniseriea obra maisu hura sortzeko). Ez da. Une oro indibiduo indartsuak dira, ez dutenak errespetatzen besteen bizitza ezta hurrengoaren askatasun naturala ere. Extortsionatzen, xantaia egiten eta hiltzen dute, ia beti boterearen onespenarekin: epaileak, poliziak, kazetariak… Azken hau arriskutsuki Estatu totalitario baten antza du.


Mafiak ez dira enpresari kapitalistak. Merkantilistak dira, nolanahi ere. Trump, Rubio, Pentagonoa, Delcy Rodríguez eta Betancourt izeneko bati bere garaian salatu nien bezala: Venezuelako petrolioa 100 urterako esleitzea?, wtf? “Enpresariak” eskuz, prozesu ekonomiko errealik gabe erabakitzen dutenak, merkatuaren faktore eta aktorerik gabe, Bastiat-en laissez-faire gabe, Smith-en esku ikusezina eta lanaren banaketa gabe, Hayek-en orden espontaneoa gabe eta Mises-en ekintza humana gabe.


Eta Mises-ekin zentratzen naiz. Gogora dezagun Mont Pèlerin Elkartearen lehenengo bilkuraren anekdota ospetsua Suitzan (Montpellieren jaio nintzen, Frantzian; ez nahastu). Mises, Friedman, Hayek eta gainerako monstruo liberal bertutetsuenen hitzaldiekin haserre, irten zen ateak jotzen eta “sozialista pila bat” deitu zien. Arrazoia zuen —eta gaur egun izango luke—. Estatuarekin lotutako guztia sozialismoa da gradu desberdinetan. Madarikazio marxista, stalinista, maoista, gaur egun goitik behera komunikazio globalaren, hezkuntza globalaren eta diskurtso globalaren kontrolarekin. Gramsci erabiltzen duten troiarrak, Chomsky-ren eraginkortasunarekin hobetuak. Biak jasanezinak.


Bastos Boubetak dioen bezala: PP eta Espainiako alderdi guztiak sozialistak dira jakin gabe… edo jakinda. Guztiek berenentzat bilatzen dituzte errentak, ez jendearentzat. Estatuaren administrazioa hobetzea bakarrik eskaintzen dute: sozialismoa administratzea. Eskuinean eta ezkerrean, gradu apur bat desberdinetan, sozialismoa daude.


Aukera politikoak? Abstentzioa, inoiz ez. Beti bozkatu estatismo sozialistaren gradu txikiena eskaintzen duenaren alde. Orain nire otoitz guztiak Espiritu Santuaren bitartez Condoleezza Rice konbentzitzera zuzenduta daude, Estatu Batuetako hurrengo presidentea izan dadin eta demokraziarako eta giza askatasunetarako botere errealagoa duen mundu berri bat gidatu dezan. Rice ez da Bush-en administrazioaren figura bat soilik: 2020tik Hoover Institution-eko zuzendaria da, Stanford-eko think tank-a, Herbert Hoover-ek fundatua eta askatasun indibidualari, merkatu libreari, gobernu mugatuari eta enpresa pribatuari dedikatua. Espazio liberal-klasiko horretako ohikoa (eta orain permanentea), irekitasunez defendatu du merkatu libreko kapitalismoa sozialismoaren aurrean, aukera-berdintasuna emaitzen berdintasunaren aurrean, eta Estatuaren hedapenaren aurkako ekimenak bultzatu ditu. Askok uste baino askoz hurbilago dago liberalismo libertarioarekiko profila.


Apartheid-a, Argentina edo Txileko diktadura, Indiako makroestatua, Washington-eko gigaestatua eta EB-tik eraiki nahi duten megaestatua… hori guztia tantaka sozialismoa da. Etorkizuna arraroa da eta beldurra ematen du. Hori al da Apokalipsiko zaldunen nahi dutena? Beldurra: gogoa hiltzen duena, Herbert-ek behin eta berriz errepikatzen duen bezala bere basamortuko nobelan.


Aukera erreala: pixkanaka, ahoz aho eta adibidearekin, enpresari libre bihurtzea. Estatu gutxiago, politikariei botere gutxiago eta pertsona humanari eta familiei gehiago ematen dieten herrialde edo eskualdeetara joatea. Estatuaren ateo pixka bat izatea. Badakiela hor dagoela, zergak in crescendo ad infinitum handitzen zaizkigula. Merde!


Eta IA-ren, big data-ren eta robotikaren eraginkortasuna, eraginkortasuna eta eraginkortasuna giza produktibitatea logaritmikoki eta esponentzialki handitzeko? Hau da: funtzionario gutxiago eta produktibitate gehiago? Ez. Bezero gehiago justifikatzeko aitzakia gehiago, zerga gehiagorekin ordainduak. Heriotza-espiral bat giza espeziearentzat ezagutzen dugun bezala. Laster bi film klasiko biziko ditugu bi liburutan oinarrituak: Animalien matxinada eta 1984.


Jainkoak babes gaitzala. San Migel Arkanjelua, ezpata indartsua, defendatu gaitzazu.


—Mikel de Elguezabal Méndez, Nafarroa.




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