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¿Estado de bienestar o bienestar del Estado? Una respuesta al anuncio del Gobierno español sobre duplicar la productividadHoy la prensa se hace eco del último mensaje del Gobierno: para mantener el estado de bienestar hay que duplicar la productividad. Y uno se pregunta, casi de inmediato: en esa expresión tan repetida, ¿qué pesa más, la palabra “estado” o la palabra “bienestar”? ¿Quieren mantener el bienestar de la gente o el bienestar (es decir, el tamaño y el presupuesto) del Estado?Porque si el objetivo real fuera el bienestar de las personas, la receta sería obvia: más libertad, menos impuestos y menos burocracia. Sin embargo, lo que vemos es justo lo contrario: un Estado que no para de crecer mientras la natalidad cae en picado y la tecnología nos ofrece la mayor oportunidad de productividad de la historia.Menos impuestos: la única vía realista (y ya la están probando)El propio Gobierno ha empezado a reconocerlo a regañadientes. Han bajado los impuestos de la gasolina, la luz y el gas. Bien. Pero ¿por qué parar ahí? Bajar los impuestos a los autónomos, a las empresas familiares, a las cooperativas y a los jóvenes emprendedores sería la palanca más potente para generar empleo real. No hace falta inventar nada nuevo: basta con mirar lo que ocurre cada vez que un país reduce la presión fiscal sobre quien crea riqueza. Llegan más autónomos, más familias que montan su negocio, más jóvenes que deciden jugársela con su idea en vez de emigrar o resignarse a un sueldo público.Y lo mismo con las empresas: bajar los impuestos generales a las sociedades atrae inversión extranjera y nacional. Más actividad económica = más recaudación, aunque suene contraintuitivo a quien solo piensa en subir tipos. Es la curva de Laffer en estado puro. Los políticos lo saben, pero prefieren no reconocerlo públicamente porque su modelo ideológico se derrumba.El elefante en la habitación: el Estado no para de engordarMientras nos hablan de “duplicar productividad”, la realidad española es diametralmente opuesta:Crece más la población de funcionarios que la natalidad del país.
Se contrata más personal público en ayuntamientos, comunidades autónomas, Gobierno central y hasta instituciones europeas.
En plena era de la IA, el Big Data, la robótica y la ciencia de datos, donde una sola persona (o un algoritmo) puede hacer el trabajo que antes requerían diez, España decide que necesita más empleados públicos.
Esto no es modernización. Es lo contrario: una burbuja estatal que se autofinancia con nuestros impuestos y que, a largo plazo, asfixia la economía real. Cada euro que se gasta en nóminas públicas es un euro que no se invierte en innovación, en formación o en el bolsillo de quien genera riqueza.La trampa del relato estatistaEl problema de fondo es ideológico. Llevamos décadas escuchando el mismo mantra: “el Estado es la solución”. Un mantra que viene del marxismo-leninismo clásico, aderezado ahora con Gramsci y su guerra cultural. Control del sistema educativo, control de los medios, control del discurso. El objetivo es claro: mantener a la ciudadanía adormecida, convencida de que sin el Estado no hay salvación.Pero la realidad es tozuda. La historia demuestra una y otra vez que las sociedades más libres y con menos impuestos son las que más prosperan y las que mejor cuidan de sus ciudadanos más vulnerables. No por caridad estatal, sino por dinamismo económico real.Despertar ya no es opcionalNo se trata de ser “de derechas” o “de izquierdas”. Se trata de ser coherente con la realidad económica y con el sentido común. Queremos un país donde:Un joven pueda montar su empresa sin que la mitad de sus beneficios se los lleve Hacienda antes de ver un euro de ganancia.
Un autónomo pueda facturar sin miedo a que el siguiente trimestre le suban las cuotas.
Las familias puedan ahorrar e invertir sin que el Estado les castigue por hacerlo.
La tecnología sirva para crear riqueza, no para justificar más burocracia.
Si el Gobierno quiere de verdad “mantener el estado de bienestar”, que empiece por dejar de engordar el Estado y empiece a cuidar el bienestar de la gente.Bajar impuestos no es un capricho liberal. Es la única forma probada de generar más riqueza, más empleo y, paradójicamente, más recaudación para lo que realmente importa: proteger a quien lo necesita sin convertir a medio país en dependiente del poder político.La pesadilla estatista tiene que terminar. Ya va siendo hora de despertar. 

¿Y tú? ¿Sigues creyendo que el Estado es el que nos tiene que salvar… o ya estás listo para exigir más libertad y menos impuestos? El futuro de Europa y el mundo se decide en esta disyuntiva.

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